Un día para el cuidado de una misma junto a otras

 

La creación es siempre un lugar de fragilidad. Un estado de incertidumbre donde se cuestionan los límites conocidos y se permite habitar el fallo. La modernidad, nos ha dado herramientas, pero también ha producido un sujeto cultural y creador basado en un método: el proyecto.

 

El proyecto como método reconoce la capacidad de proyectar, de obrar, de mirar hacia adelante y ser capaz de cumplir objetivos. El proyecto es el método del sujeto moderno que puede hacer de la creación su lugar en el mundo. Proyecto, objeto y sujeto tienen la misa raíz (iacere): que quiere decir lanzar, ir hacia adelante. Pero en esta propuesta de creación nos cuestionamos lo que significa encauzar la creación en un estado de proyectos, de sujetos fuertes que logran alcanzar todos sus objetivos, que logran ir hacia adelante.

 

En una situación de crisis permanente ecológica, sanitaria y social que nos encontramos nos parece más relevante cuidar la creación, hacerla posible, sostener su fragilidad antes que continuar compitiendo y convenciendo a través de proyectos. Los universos frágiles están formados por personas, objetos y cosas que tienen en común:

 

  • Una creación ligada a lo real que apoye la vida.

  • Una posibilidad de habitar nuevos imaginarios de vida.

  • Basada en el hacer y el pensar de una manera ensamblada.

  • Un colectivo de personas, seres y cosas vivas que pueden crecer juntas.

  • Un hacer afectivo y situado que permita sostener la fragilidad.

 

 
 
Los universos frágiles son las vinculaciones relacionales de las diferentes realidades afectivas que nos componen. Son ellas las que nos impulsan o nos limitan en lo que queremos hacer. Los universos frágiles son un día que nos damos a nosotras mismas, juntas, donde podemos poner nombre a nuestras realidades afectivas para que sean ellas las que nos impulsen y no nos limiten. Para poder trabajar con ellas en los lugares que de verdad nos hacen sentir bien.